Una salida amena

Diana Acero, Stefania Delgado, Katherine Ojeda


Desde pequeña me ha gustado la playa y todo lo que hay en ella. Hace unos días que pasaba por ahí observé que había un lugar donde construían barcos, tuve curiosidad por saber cómo se realizan.

Esa mañana  del viernes estaba nublada y fría, el sol aún no se asomaba del todo, habíamos organizado una salida de amigas a la playa para pensar, charlar y conocer más de nosotras mientras realizamos una caminata. De pronto  pasamos por El Astillero, ese es el nombre que recibe el pequeño espacio que ocupan para construir embarcaciones artesanales de lunes a viernes y recordé mi interés hacia estos.

Les comenté a mis amigas sobre mi curiosidad y sin dudarlo  decidieron acompañarme. Mientras caminábamos, entre murmullos comentábamos las ideas de qué preguntaríamos.  Esa sensación de presentarnos como estudiantes de periodismo fue tan hermosa y saber que dentro de unos años nos presentaremos como periodistas nos llena de satisfacción.

Estábamos tan cerca, ya se podían ver los barcos y varios grupos de hombres realizando esta tarea, cada vez me sentía más ansiosa.

Nos detuvimos a tomar fotografías de los barcos, el día estaba agradable y sentíamos que debíamos capturar ese momento. Mientras realizábamos esto, un señor nos observó y se acercó a nosotras, con una sonrisa en su rostro, amigablemente se presentó como Giovanni Alcívar, encargado de la construcción de ese barco, con un poco de asombro nos presentamos,  una risa entre nosotras debido a que él se presentó primero y no nosotras.

Al continuar conversando seguíamos observando el barco gigante ante nuestros ojos, había personas martillando, otros cortando madera, y el señor Giovanni, quien lleva 22 años trabajando en El Astillero, seguía explicando que aún faltaba mucho para terminar. El proceso para construir uno de esos barcos era de siete meses aproximadamente sin parar durante todo el día de 8 de la mañana a 6 de la tarde, solo descansan para el almuerzo.

Después, Alcívar continuó con su trabajo mientras nos contaba que trabaja desde niño, incentivado por su madre a la edad de 10 años ayudaba en la tienda familiar; con el pasar de los años decidió marcharse de su hogar para buscar un mejor futuro. Posteriormente se  casó y después llegaron los hijos; con un rostro sudoroso provocado por el sol,  entre risas  dice que llegó al astillero por la ayuda de su cuñado quien lo invitó a experimentar este trabajo y le gustó, es por eso que decidió no buscar trabajo en otro lugar  en el que pueda desempeñarse, él sentía que nació para eso. Todo lo decía con una gran emoción en su cara, yo lo sentía como un consejo, haz lo que te gusta y serás feliz.

Como seguíamos observando su trabajo, Giovanni nos invitó a tomar asiento en un tronco que ellos utilizaban para descansar, explicaba que primero se construye la quilla (base) de la embarcación  de eso se encarga todo el grupo de trabajadores. La quilla es la parte más fundamental de una embarcación, consiste en la colocación de madera gruesa para darle forma y el tamaño a  dicha embarcación.

Este proceso no lo observamos porque la obra ya está muy avanzada sin embargo, la forma en la que detalla Alcívar dejaba fluir nuestra imaginación.  A primera vista se aprecia la madera junta, ningún espacio entre ella, en ese momento surgió la pregunta,  ¿Cómo logran la unión tan perfecta de cada madera? Alcívar, sin dudar respondió de forma irónica que es simplemente años  de  trabajo en conjunto con sus compañeros, los cuales se reían cuando pasamos junto a ellos.

Había transcurrido ya 20 minutos, esto según el celular de Giovanni. Como segundo paso en la construcción se encuaderna y después  se entabla, para Xavier,  un señor de talla mediana y piel morena, es el proceso más complejo porque lleva tiempo. Por otro lado, un grito se escucha ¡No eso es mentira, el proceso más complicado es forrar los tablones! Sorprendidas nos cuestionamos cómo  logró escuchar la pregunta que le hacíamos a Xavier  si se encontraba prácticamente al otro extremo.

Con pasos firmes y una segueta  en mano, al puro estilo de el Creeper se acerca a nosotras un señor alto y se presenta como el segundo al mando, en ese momento Giovanni  nos dejó acompañadas de Fabricio Álava, quien no paraba de sonreír, entonces decidió defender su respuesta.

Recalca que forrar tablones requiere de precisión, práctica y el infaltable ayudante. Si llega a prescindir de alguno de los elementos no hay para qué seguir con el trabajo. Al escuchar esas palabras con un tono de voz muy firme, llegó  un poco de incomodidad. Ya no estábamos en esa confianza que hace minutos teníamos.

El miedo invadía nuestros cuerpos Álava  no dejaba de lado su actitud posesiva, entonces  decidimos caminar por los alrededores donde encontramos a un hombre de la tercera edad  que cortaba unas tablas. Ha previa vista le calculamos unos 70 años, caminamos hacia él con dificultad en medio de la arena  e inició una conversación muy amena, trabaja elaborando los barcos desde hacía ya más de 40 años.

Señala que los tiempos van cambiando, antes hacíamos los barcos para  compartir con el mar, disfrutar esa brisa que golpea tu rostro cuando te paras en la proa del barco, estas palabras del señor Pedro nos dejaron sin aliento, mirándonos una a otra.

Pablo, además comenta cuál es el último procedimiento para la finalización de una embarcación.

Con los sentimientos a flor de piel comenzó a hablar. Muchos consideran importante  el bautismo, algunos le hacen fiesta, otros sólo llevan al cura, unos dan de comer mientras que otro sólo dan una gaseosa, todo esto es depende de qué tan creyentes sean a leyendas, muchos piensan que si su barco no es bautizado por un cura estará propenso a accidentes o que les vaya mal en la pesca.

Sobre este tema la curiosidad es más intensa y queremos saber si a lo largo de su experiencia ha vivido algo sobrenatural a lo cual él de manera escéptica dice.  Las creencias son desde la época pasada pero hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos entre las anécdotas que tengo hay una en particular pero es por una mala maniobra que se hizo al momento de ingresar el barco al mar una falta de coordinación,  hizo que el agua tapara por completo el barco, “¡quería llorar cuando ocurrió eso, un proceso de casi 7 meses en la nada pero por suerte gran parte se recuperó!”. 

Seguido de eso, con disimulo empezamos a contar cuántos trabajadores se encontraban ese momento y se acerca Luis Arias encargado de la pintura, “señoritas no tengan verguenza pregunten si tienen alguna curiosidad”. Algo tímidas pero tratando de demostrar que somos profesionales estábamos contando cuántos trabajadores son, entonces con voz alta dice, “bueno compañeros enumérense, que las señoritas nos brindarán un refrigerio”. Sonrojadas  pero al mismo tiempo la risa invadió nuestro rostro y empiezan uno, dos, tres así hasta el número veinticinco, listo chicas ahí está la respuesta a su inquietud contesta, quedamos admiradas al saber que se necesitaban 25 personas para hacer este arduo trabajo.

Al lado de los troncos de madera hay un botellón de agua, lo tienen para compartir entre todos e hidratarse, no pasan varios minutos entre que uno tras otro acude a tomar agua,  al paso que van se quedarán sin agua por hoy. Alcívar se nos acerca, “está todo bien  ¿Cómo van con su trabajo?”, nos pregunta, agradecidas por la atención respondimos; “bien gracias aunque hay algunas dudas todavía, nos quedamos pensativas”.

Alcívar con una mirada amigable ofrece su ayuda, para cualquier situación en que lo necesitemos, le agradecemos con una sonrisa por su ayuda, después él vuelve a su trabajo. Estaba uniendo tablas de madera cuando de pronto se dirige hacia nosotras, había recordado que una de sus sobrinas también es periodista, nos quería desear buena suerte en esta profesión, eran positivas sus palabras.

Con esmero nos dice que espera que algún día estemos en un noticiero y como broma añade, siendo famosas, nos quedamos minutos soñando despiertas algo emocionante y motivadas por ese comentario, reímos muy fuerte, y las personas que pasaban por el lugar observaban muy serias. La verdad estábamos muy contentas de conversar con él pero ya se acerca la hora de regresar a casa.

Por último, queríamos hacerle una últimas preguntas a Don Giovanni, lo buscamos alrededor de la embarcación, entonces uno de los trabajadores grita su nombre y él responde, estaba dentro del barco, vio que éramos nosotras y nos invitó a entrar. El lugar era muy atractivo, aún faltaba mucho por terminar pero me parecía asombroso estar ahí,  entonces le pregunto si cree que este trabajo seguirá por generaciones en los mantenses, pone una cara triste y responde que “no”, debido a que las autoridades prohíben cosas y se necesitan el permiso de construcción, también piden un cupo de pesca y ahora es muy difícil conseguirlo, últimamente no hay construcciones nuevas, recalcando que con el tiempo serán los únicos construyendo estas embarcaciones.

Después de escuchar su respuesta, miramos a nuestro alrededor, Don Giovanni nos invitó a dar un pequeño tour por el lugar, primero mostró la proa del barco, rápidamente nos llevó a la popa, nos explicó dónde estaría la hélice y el timón, muy agradecidas y contentas nos retiramos del lugar, nos sentíamos muy felices de haber decidido conversar con ellos, fueron muy amables con nosotras.

De esta manera sentía que había aprendido mucho sobre estos barcos y sobre toda de las personas encargadas de su elaboración. Salí más enamorada de lo que estaba y sobre todo mis amigas tambien.

Barcos como estos deberían  ser considerados como parte de la historia de Manta y a la vez promover cursos donde se enseñe este tipo de trabajos y así mantener nuestra cultura relacionada 100% con el mar, por el contrario estamos lamentablemente en extinción.

 

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